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Agenda Política/Jorge Luis Telles Salazar

A través de su cuenta de WhatsApp, el ex gobernador Juan S. Millán, hace una precisión, respecto a nuestra columna del lunes próximo pasado:

-Las declaraciones de Francisco Labastida ofenden una relación de respeto como la que mantuve siempre con Lauro Díaz Castro; es el mismo Labastida que ha acusado al presidente Ernesto Zedillo, de hacerlo candidato a la presidencia de la República en 2000, para que perdiera la elección ante Vicente Fox Quezada.

En ese trabajo periodístico, publicado el domingo 17 del presente en nuestro portal de internet www.jorgeluistelles.com, abordamos el tema acerca de la renuncia de Juan S. Millán a la presidencia del Comité Directivo Estatal del PRI (ante el líder nacional, Luis Donaldo Colosio). Se trató de una  situación estrechamente relacionada con Labastida, de tal suerte que retomamos algunos fragmentos de la entrevista que le hicimos a FL hace poco menos de cinco años, para el libro “Los Gobernadores de Sinaloa ante la Historia”, editado por Heriberto Galindo Quiñones, uno de los aspirantes a la candidatura gubernamental del PRI, para las elecciones de 2016.

-¿Por qué la presión de Juan Millán para salvar Mazatlán y entregar Culiacán? – preguntamos a Labastida Ochoa

-Fácil: porque el arquitecto Raúl Cárdenas Duarte era su gran amigo y Lauro no. Lejos de eso, Millán ya veía a Lauro como un enemigo para un futuro a mediano plazo. No le convenía entonces su crecimiento político – contestó en tono concluyente.

En esa entrevista, Francisco Labastida negó categóricamente que el desconocimiento del triunfo de Cárdenas en Mazatlán (en 1989) y el reconocimiento de la victoria de Lauro Díaz Castro en Culiacán, haya sido resultado de la primera concertacesión política en la historia del país, tras la intermediación de Diego Fernández de Cevallos, abogado de Acción Nacional, quien vino a Culiacán, precisamente para eso, tras una entrevista, en Los Pinos, con el presidente Carlos Salinas de Gortari:

-¿Concertacesion? – replica Labastida un tanto cuanto sorprendido – Eso hubiese sido si me hubiese prestado a la maniobra de Juan; es decir: si entrego Culiacán, que estaba ganado y acepto la presidencia municipal de Mazatlán, que Diego me demostró, documentación en mano, que estaba perdida. Admití la petición de Diego, cuando probó que era Humberto Rice el ganador de la elección. Por eso se procedió en consecuencia.

Ante esto, el también exgobernador de Sinaloa, Juan Millán, nos dice:

-Si fue, por supuesto que lo fue, la primera concertacesión política en la historia de México. Raúl había ganado Mazatlán con más de mil votos y el Congreso del Estado desconoció el resultado.

Y añade:

-Absolutamente falso que mi posición era la de reconocer triunfo en Mazatlán para el PRI y aceptar derrota en Culiacán.

Subraya:

-El PRI ganó las dos contiendas y Labastida así lo expresó, semanas después, al rendir su tercer informe de gobierno, lo que le representó una gran ovación de todos los presentes en el teatro “Pablo de Villavicencio”, al proclamar el carro completo en las recientes elecciones.

Precisa:

-Mi postura fue siempre la de abrir todos los paquetes electorales (y ahí están las notas de prensa) y si se encontraban anomalías, anular las dos elecciones y repetirlas. En ningún momento existió eso de que Raúl Cárdenas era mi amigo y Lauro no. Esto es ofender una relación de respeto mutuo de toda una vida.

Y bueno, la vida misma si puso a Juan Millán y a Lauro Díaz Castro en un enfrentamiento directo, en la primavera de 1988, en una elección interna por la candidatura gubernamental del PRI. Triunfó Millán Lizárraga con una delantera de 15 mil votos; pero Juan (recordado por nuestro amigo Francisco Arizmendi) prohibió celebración alguna y a menos de 12 horas después del proceso ya se había reunido dos veces con Lauro: una, en la casa de Lauro, en la colonia Chapultepec; la otra, en una comida en el ya desaparecido restaurant “Los Angulo” a la salida Norte de la ciudad.

Ahí, me cuenta Arizmendi, testigo de los hechos, “Juan le habló a Lauro con toda sinceridad y le pidió su apoyo y el de todo su equipo de trabajo para hacerle frente a la elección constitucional que ya estaba encima”. En esa elección, por cierto, Juan se enfrentaría a Emilio Goycoechea Luna, del PAN y a Rubén Rocha Moya, del PRD.

-Tenemos un partido dividido – le dijo Juan a Lauro, en la versión de Arismendi -; sin ti y tu gente, no gano la elección.

Millán ganó sin problemas finalmente y si tuvo el apoyo del equipo político de Lauro. Una buena parte de la gente de Díaz Castro se integró al team de Juan en el gobierno del Estado y un año después Lauro era candidato a senador de la República. Seguramente, Díaz Castro hubiese relevado a Labastida en la gubernatura de Sinaloa en 2005, de no ser por dos hechos relevantes e impensables: la derrota de FL en la elección presidencial y el fallecimiento de Lauro en el ejercicio de su responsabilidad como senador.

Juan S. Millán concluyó su periodo de gobierno el 31 de diciembre de 2004 y le entregó la estafeta a quien fue, uno de los hombres de todas sus confianzas, junto con Abrahám Velazquez Iribe: Jesús Aguilar Padilla. La la relación entre ambos, sin embargo, se tensó evidentemente en el periodo de Aguilar Padilla, al grado de un drástico rompimiento, cuando Millán se opuso, categóricamente a la candidatura de Jesús Vizcarra Calderón.

Millán la jugo inteligentemente: sin traspasar las fronteras del PRI, apoyó decididamente a Mario López Valdez en su camino al triunfo electoral de 2010, lo que representó una ruptura determinante en el resultado del proceso electoral. Nadie, nunca, insinuó, tan siquiera, organizar juicio contra JSM por su respaldo a MaLoVa.

Sin embargo, Aguilar Padilla rechaza esa  versión. “Entre Juan y yo – dice en entrevista para el mismo libro – no hubo ningún problema, ni tampoco rompimiento en ningún momento. Posiblemente entre nuestros equipos si, porque muchos pensaron que mi llegada al gobierno era garantía de que continuarían en sus puestos; pero no fue así. Permanecieron algunos; pero otros tuvieron que irse. Así es la administración pública.

-Pero entre Juan y yo, ningún problema; ni en ese ni en ningún momento. Y lo dejo muy claro. Que conste.

De regreso con Millán y más de quince años después de concluido su mandato gubernamental, han sido, en efecto, escasas las ocasiones en las que ha producido alguna declaración, sobre notas de prensa, llámense reportajes, entrevistas o columnas en las que se menciona su nombre. Y si lo hizo ahora es porque lo consideró necesario y en buen momento para poner en claro algunos conceptos en los que ha sido tomado como punto de referencia por Francisco Labastida.

Hay cita concertada para cuando concluya esto de la pandemia, bajo el compromiso de que dará respuesta concluyente a todo tipo de preguntas del columnista. En unas semanas más. Quizás.

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