CARLOS

Sin Redundar/Carlos Avendaño

Lo dijo, Don Carlos Hank González: “Un político pobre, es un pobre político”. Actualizando la máxima por aquello de lo que vivimos hoy en nuestros días: “Un político pobre, es un pobre tonto, por no decir que P@ndejo”. Esto lo traigo a relación con el mundo de dinero que manejan quienes se encuentran en la administración pública mismos que creen que el dinero que manipulan es de ellos y que evidentemente manosean bajo su coto de poder donde se encuentran empoderados, el bienaventurado: “huesito político”. Porque no me van a negar que muchos actores políticos (existen contadas excepciones, pero muy, muy contadas excepciones) que, si manejan dinero y no se roban nada, no es por ser honrados sino por pendejos. Al menos eso es lo que escuchamos decir recio y quedito entre tanta gente que sabemos del dinero que se maneja en el gobierno (hablamos de los tres niveles) sin alusiones personales porque hay para todos como en botica y sacos hay muchos a la medida. Si comparamos por niveles jerárquicos, tendremos entonces que existe corrupción en: 1).- los del nivel alto, pueden hacerse de casas blancas y departamentos en Estados Unidos de Norteamérica, a pesar de que con sus sueldos nunca les daría para tanto; 2).- los del nivel medio, sabiendo cómo se comportan los de arriba, consideran muy natural estrujar con grandes sumas cuanto proyecto les caiga para autorizar; 3).- los del nivel de abajo, siguiendo el mismo ejemplo de los del medio para con lo de arriba, sienten el derecho para cobrar por todos los trámites gratuitos. La gente nunca se equivoca. La voz del pueblo es la voz de Dios, desde que tenemos memoria ha sido así. Laurence J. Peter (pedagogo canadiense) siguiendo la premisa “Los políticos siempre muerden más de lo que pueden masticar”, estableció hace 50 años que, para alcanzar el nivel de incompetencia, el mediocre sólo requiere ser ascendido. José Ortega y Gasset (filósofo republicano español) antes llegó a la conclusión que “Todos los empleados públicos deberían descender a su grado inmediato para confirmar por qué habían sido ascendidos hasta volverse incompetentes”. Pero todavía poco antes, Porfirio Díaz sostuvo: “Si algo está mal, puede estar peor”. Precisamente por eso, hay que decirlo con sus propias palabras tal y como es, todos los ciudadanos queremos justicia, más no venganza, porque si el país sigue la ruta del desastre al que lo han conducido los gobiernos desde hace más de ocho décadas estaremos viviendo momentos impensados en que la ira popular y el hartazgo social no se van a detener ante la delgada línea que separa a la justicia de la venganza. Quiere algunos pequeños ejemplos: la matanza del 2 de octubre de 1968 en tlatelolco, la Masacre de Corpus Christi de 1971, la venta de bienes nacionales, los crímenes de Iguala, los desaparecidos de Ayotzinapa, la agresión policiaca en Nochixtlán, y todo lo demás que se vaya acumulando hasta que pare este desmadre de violaciones de derechos humanos y de muertes varias. De modo tal que no debieran decretarse amnistías anticipadas por ningún asunto al respecto. México espera algo diferente sobre la corrupción sin escrúpulos, de la ignorancia de la gente como sistema de vida, de la ambición de algunos como programa de trabajo, del moche como algo grande del modus vivendi, de gente que viva para el servicio público y que no se sirva del servicio público para vivir…

La llegada de jóvenes sin militancia probada, sin carrera partidista, siendo unos perfectos desconocidos, pues no tienen liderazgo, en pocas palabras no son líderes, este es el nuevo estilo aplicado para los relevos generacionales políticos porque así conviene tenerlos y por eso los pusieron en el Partido Revolucionario Institucional (PRI). Este criterio lo aplican hoy en día en el PRI, donde los PRIístas parecen no entenderlo y si lo entienden, no terminan por aceptarlo del todo, siendo una minoría quien reniega porque la mayoría termina alineada. Basta con revisar los perfiles de los nuevos encargados de los despachos del PRI en todo el estado de Sinaloa, desde arriba hasta abajo, para poder darse cuenta que los liderazgos pasaron a la historia, hoy tan solo existen quienes administren el negocio partidista. La muestra la dieron a nivel nacional, donde sustituyeron un PRIísta con fuerte liderazgo como: Manlio Fabio Beltrones Rivera, optando por escoger a un PRIísta renegado como: Enrique Ochoa Reza, quien llegó a la Dirigencia del Comité Ejecutivo Nacional tocado a muerte (políticamente hablando). En el caso particular que nos ocupa, en el PRI de Sinaloa, los liderazgos fuertes y las carreras políticas probadas, fueron sustituidas por jóvenes inexpertos y sin liderazgo, dando pronta cabida para aclarar que la palabra “lealtad” dejó de existir en el vocabulario nuevo del PRI. Quizás exista talento entre estos nuevos gerentes de cada una de las sucursales del PRI, no lo dudamos, pero ¿Conocerán como operar los principales liderazgos del PRI? porque de no ser así, poco podrán hacer por un partido que encuentra precisamente su fortaleza en sus estructuras y su militancia. Porque no me podrán negar que en la renovación de las dirigencias fueron impulsadas con poco o nulo conocimiento sobre las estructuras del partido, pero además no tienen liderazgos firmes, y para abonarle un poquito más, las ideologías o principios doctrinarios del PRI fueron echados de lado, no los tomaron en cuenta, se aplicó pues la vieja práctica del “dedazo” (léase imposición). Porque lo estamos viendo, podemos afirmarlo categóricamente que los nuevos gerentes administrativos de las sucursales del PRI, poco o nada conocen de la ideología partidista ni de la plataforma de principios del partido, tan solo están sentados en la silla viendo el rumbo que tomarán en esta nueva etapa donde se encuentra próximo un proceso electoral que será la prueba de fuego y que nos dirá quiénes son los verdaderos líderes que guiarán a la militancia del partido para salir avante en este 2018, en donde evidentemente será necesario contar con: personas muy afines que empaten con la gente, que tengan un conocimiento basto, con un buen liderazgo, para poder empoderarse junto con todos los PRIístas que están bajo su dirección. Tan solo bastaría con ver los perfiles y la trayectoria política de los nuevos dirigentes del PRI. La tarea no está fácil y los resultados se verán en el corto plazo pues 2018 ya empezó en este 2017. ¿Tendrán hecha la tarea acaso? ¿Estarán confiados que vendrá la ayuda como siempre desde arriba? Al tiempo lo veremos venir muy prontamente porque la competencia arrecia…

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