CARLOS-6

Sin Redundar-Carlos Avendaño

Haciendo un brevísimo recuento del miedo tras del Coronavirus. Cuando recién se iniciaba esta pandemia motivo del Coronavirus (SARS-CoV-2 y/o COVD-19) fuimos enfáticos al decir que existían otras enfermedades fatales con iguales índices de muerte y hasta superiores –que por cierto y ellas-. Dónde quedaron todas las enfermedades crónicas degenerativas –controlables hasta cierto punto– como lo son: la tuberculosis, la diabetes, la hipertensión, la neumonía, el asma, el cáncer, esclerosis múltiple, etc., porque si no lo han notado, todo ha estado asociado a la muerte por el Coronavirus, inclusive en forma de chascarrillo hemos dicho que han llegado personas atropelladas o heridos de bala y se ha dicho que murieron por el Coronavirus. No han sido pocas sino muchas, las personas que se han venido preocupando en vez de ocuparse, todo por la simple y sencilla razón de que hemos sido bombardeados por las redes sociales con información –alguna muy buena y confiable hay que decirlo– en donde nos dan consejos de salud en opiniones diversas sobre los tratamientos a seguir y que algunos no aceptaban como tales en un principio puesto que no creían existiera dicho virus –los llamados incrédulos– hasta que no empezaron a ver que la muerte venia acechando al mundo entero. Desde que nos mandaron a la cuarentena hemos permanecido en nuestra casa –su casa de ustedes– saliendo solamente a lo realmente indispensable y necesario que es surtir la despensa y hacer algunos pagos imprescindibles, esto siempre y en todo momento respetando siempre los protocolos de seguridad e higiene. También hemos sido bombardeados por las autoridades de salud respecto al avanece de la pandemia por Coronavirus, cifras del gobierno federal y estatal, inclusive a nivel internacional en los noticieros. Es de considerarse que ha llegado la hora de repensar muy seriamente lo que estamos viviendo, sin desestimar el azote pandémico que vivimos, en donde es urgentísimo romper con ese miedo que se ha desbordado y que en muchas ocasiones se mira totalmente desproporcionado a la realidad –ciertamente todos tenemos miedo de morirnos contagiados– pero si considero pertinente que es el momento oportuno para analizar cómo hemos venido afectando nuestro subconsciente y el de los demás que nos rodean y están cercas de nosotros. Nadie me dejará mentir que, desde diciembre pasado a la fecha, no se habla de otra cosa que no sea el Coronavirus y esto se ha vuelto por todos lados una obsesión enfermiza, en donde nos ha hecho presa temor de poder morir por el Coronavirus –ciertamente que algún día habremos de morir– pero también es muy probable que muramos por otra causa y no precisamente por contagiarnos de este bicho del Covid-19. Es de considerarse que ha llegado la hora de dejar atrás: el miedo, el terror, la ofuscación, los prejuicios y la ceguera mental, y debemos de cederle el paso a realmente informarnos de manera científica y médicamente para que no nos estén induciendo con tanto bombardeo mediático sobre lo que nos puede suceder con el Coronavirus. Innegablemente que el miedo es más cabrón que bonito, porque conozco personas que piensan que, por el simple hecho de salir a la calle, ya están condenados a la muerte, y la realidad no es así, porque si se acatan las normas sanitarias básicas como: usar cubrebocas, lavarse las manos y guardar distancia de 2 metros, difícilmente se contagiarían. Aunque son muy respetables todas las formas de pensar y de las diferentes ideas que tenga cada quién, pero tampoco se trata de relajarse o de ignorar los cuidados previos, pero sí de analizar nuestro subconsciente y sacar lo mejor de nosotros mismos que es la valentía de enfrentar este cochino bicho llamado Coronavirus (SARS-CoV-2 y/o COVD-19). El virus al que nos enfrentamos en este siglo XXI induce en casi todas las personas el miedo a la muerte, pero la única forma de evitar la muerte por coronavirus sería: evitar el contacto con el virus, contaminarse por el virus, tener un sistema inmune fuerte contra el virus y/o contar con la vacuna que sea eficaz contra el virus. En estos casi cinco meses que llevamos “aislados” motivo de la pandemia por el Coronavirus, de poco o de nada serviría el aislamiento si bajamos la guardia y nos ponemos en contacto con el virus por cualquier medio. De qué nos sirve mantenernos aislados, si al final de cuentas es prácticamente imposible que evitemos el contagio del virus, aunque lo único que lo justifica es la espera por una vacuna que sea realmente eficaz. Mientras tanto solo nos quedaría seguir manteniéndonos aislados con todas las debidas medidas de higiene, y si acaso alguien llegarse a contagiarse, pues pondría a prueba su sistema inmunológico que generaría defensas y estaría “protegido” de las cepas virulentas mientras que parece la vacuna contra el Coronavirus. No nos queda de otra más que mantenernos en nuestras casas resguardados y aislados para poder fortalecer de esta manera nuestro sistema inmunológico y debemos dejar por fuera el temor y el miedo por la falta de información, al contrario, habría que estar bien informados en tiempo y en forma, pero de lo que dicen los científicos y no de los mitotes que corren por las redes sociales. Tengan muchísimo cuidado con el miedo porque también este es un virus muy letal que nos baja las defensas en un santiamén…

AMLO pide que ahorremos. Tiene mucha razón el Presidente de México: Andrés Manuel López Obrador, al decir que seamos cuidadosos con nuestros ingresos y que por ende seamos ahorrativos. Me parece perfecto señor presidente estoy de acuerdo, pero tan solo díganos usted ¿Por qué su familia presume manjares, ropa de marca, viajes carísimos en vehículos de marca de último modelo de generación? Uno de los hijos del Presidente: López Obrador, paga para que su hijo nazca en un carísimo hospital privado en el extranjero, teniendo aquí en México el IMSS y el INSABI (antes Seguro Popular) que acaso no se predica con el ejemplo. Pero todavía su hijo menor, está inscrito en un prestigiado y costosísimo colegio particular, si aquí en México tenemos educación pública y gratuita. Vaya cinismo del Presidente: López Obrador, pidiéndole al pueblo mexicano que ahorre, que no derroche, que deje de lado el lujo y el consumismo enfermizo, pero en su casa no lo aplica…

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