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Microscopio Social/Héctor Melesio Cuén Ojeda

Latinobarómetro 2017: sólo el trabajo y los resultados pueden dignificar la política

Desde 1995, con constancia, la Corporación Latinobarómetro publica la encuesta sobre el estado que guarda la democracia en nuestro continente. Dicha organización no gubernamental (ONG), sin fines de lucro, tiene su sede en Santiago de Chile.

Cuando empezó este ejercicio demoscópico, Latinobarómetro incluyó solo a Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Perú, Uruguay, Venezuela y México. Pero a partir de 1996, y debido a los interesantes resultados, el estudio se realiza en 17 países, con excepción de Cuba, y en 2004 se incorporó República Dominicana.

Para el estudio más reciente, de 2017, se aplicaron 20,200 entrevistas cara a cara en los 18 países, entre el 22 de junio y el 28 de agosto, con una muestra específica de entre 1000 y 1200 casos por cada país analizado y con un margen de error estadístico de alrededor del 3%.

Es muy amplia y atractiva la numeralia que contienen las 66 páginas del estudio, pero por su importancia destacaría los siguientes resultados:

– Por quinto año consecutivo, el apoyo a la democracia en América Latina no mejora, ya que en 2017 registra 53%, lo que significa un punto porcentual menos respecto a 2016. Tenemos una “democracia diabética”: no hay una situación de catástrofe, pero sí un lento y constante deterioro desde 2010 a la fecha.

– La indiferencia ante el tipo de régimen (dictatorial o democrático) aumenta a 25%, mientras que en 2016 era de 23%. Uno de cada cuatro latinoamericanos es indiferente al tipo de régimen, pues sus preocupaciones son más de tipo económico, el desempleo o la inseguridad pública.

– El país con más apoyo a la democracia (curiosamente) es Venezuela, con 78%; le sigue Uruguay (70%), Ecuador (69%), Argentina (67%) y Costa Rica (62%), como los países de la región que más apoyo a la democracia concitan.

– Los países donde sus ciudadanos menos apoyan a la democracia son Honduras (34%), El Salvador (35%) y Guatemala (35%).

En general, en todos los países hay una pérdida de apoyo. Lamentablemente, la mayor pérdida se produce en nuestro país, México, con 10% menos que en 2016: en 2017 tenía 38%, mientras que en 2005 llegó a un máximo de 59%.

En el caso de nuestro país, los números nos advierten sobre grandes retos para la vida pública: por ejemplo, ante la pregunta “¿Considera usted que México es una democracia plena?” Solo el 2% dijo sí (por lo que ocupó el penúltimo lugar, solo arriba de Brasil, que obtuvo 1%).

Asimismo, cuando se cuestionó “Del 1 al 10, ¿qué tan democrático es tu país?” México obtuvo 4.7 (lugar antepenúltimo; solo mejor que El Salvador y Brasil, que obtuvieron 4.4).

Acerca de la interrogante de que si se está satisfecho con la democracia, solo 18% contestó afirmativamente. México se ubica entre los cinco países más bajos, junto a Colombia (17%), Perú (16%), El Salvador (15%) y Brasil (13%)

Sobre la aprobación del gobierno, nada más 20% respondió de modo positivo, por lo que México fue el tercero más bajo (los otros dos fueron El Salvador, con 17%, y Brasil, con 6%).

Finalmente, somos el cuarto país que más confía en sus fuerzas armadas, con 51%, pero también el que menos confía en sus policías, pues solo el 21% contestó de forma afirmativa.

En conclusión, tenemos enormes retos para rescatar el aprecio por la democracia como régimen político. Es preocupante de que solo 2 de cada 10 mexicanos aprueben al gobierno actual, así como que la imagen de la política esté por los suelos debido a los interminables casos de corrupción y deshonestidad de muchos que dicen ser nuestros representantes, además de la delincuencia y la violencia cotidianas.

En el Partido Sinaloense (PAS) estamos aportando nuestro esfuerzo todos los días —los 365 días del año, como dice nuestro lema—, para estar del lado de la gente a través de más de 70 programas sociales atendidos por profesionales voluntarios que sirven gratuitamente a los ciudadanos; con estas acciones, tratamos de devolverle la esperanza a la gente para que la actividad política sea vista como ejercicio de servicio y de apoyo a la solución de problemas.

Tenemos la firme convicción de que solo con trabajo y resultados podremos dignificar a la política, y con ello contribuir a que se siga considerando a la democracia como el mejor sistema de gobierno (Churchill dixit).

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