M CLOUTHIER

Doña Leticia, mi madre/Manuel Clouthier

No debe haber sido fácil para mi madre Leticia Carrillo Cázares haber sido esposa de Manuel “Maquío” Clouthier del Rincón, un hombre que vivió con gran intensidad y pasión. Se cuenta la anécdota que desde que “Maquío” estudiaba en el Tec de Monterrey en la segunda mitad de los años 50, éste le dijo a su amigo Arturo Murillo que iba a regresar a trabajar a Culiacán al terminar sus estudios de agronomía, y a casarse con Leticia Carrillo. Esta anécdota disgustaba a mi madre, que reclamaba ¿cómo se sentía “Maquío” tan seguro si no eran novios todavía?

También se cuenta que cuando “Maquío” le propuso matrimonio, le dijo que quería tener 12 hijos y aun así mi madre le dijo que sí; tuvo mi madre 12 embarazos y se lograron 11 hijos. Leticia supo ser compañera de ese hombre imponente, determinado y cautivador.

Recuerdo a mi madre dando catecismo en el campo Agrícola Paralelo 38 a los infantes hijos de los trabajadores; me acuerdo del programa que impartía a las esposas de los trabajadores del campo. Igual tengo la imagen de ella sirviendo la cena a los jornaleros agrícolas el día de la posada todos los años en las fiestas navideñas, mientras mi padre repartía regalos vestido de Santa Clos.

Presidieron ambos, mi madre y mi padre, el movimiento familiar cristiano en Sinaloa, simultáneamente cuando los presidentes nacionales era don Raúl y mi tía Luisa Medina Mora; me acuerdo cómo acompañó el proyecto de liderazgo empresarial de “Maquío” cuando presidió la Asociación de Agricultores del Río Culiacán, cuando fue presidente de la Unión Nacional de Productores de Hortalizas, de la Coparmex a nivel nacional y del Consejo Coordinador Empresarial (CCE).

También ffue compañera incansable e inseparable en el proyecto político por la Gubernatura de Sinaloa (1986) y a la Presidencia de la República (1988). Mi madre Leticia, motivada por mi padre y el cura Benjamín Jiménez, fundó junto a sus compadres Zaragoza y Murillo el Instituto de Asistencia Psicoterapéutica (Isapac), para que gente de escasos recursos pudiera tener acceso a terapia psicológica.

Enviudó muy joven mi madre, a los 56 años, con 10 hijos, la mayor con 29 años y los menores con 13 años. Presumiendo que la muerte de “Maquío” había sido una represión del PRI–Gobierno, Leticia privilegió la seguridad de sus vástagos.

Una mujer fuerte, de carácter cuando debía serlo, inteligente y con intuición, fue consejera del Partido Acción Nacional. Era cumplida con su responsabilidad de consejera nacional de dicho instituto político, preparaba sus participaciones, tomaba nota, decía lo que tenía que decir, pero siempre cuidadosa de las formas, la prudencia es una de sus características. Le dolió mucho cuando la corrieron del Consejo groseramente señalándola como “figura decorativa”. Aun así no renunció al PAN.

Mi madre es una señora de detalles, solidaria, muy amiga de sus amigas, una mujer que se da fácilmente a los demás. ¡Agradecida! Siempre presente solidariamente y discreta. Especialmente le gusta bailar el tango. En las dificultades supo forjar un carácter de guerrera y a su vez supo encontrar alegría y disfrutar a sus nietos y bisnietos. Hoy pasa momentos difíciles en su salud y quiero decirle: ¡Gracias y que la quiero mucho! Le pido a Dios que le dé su paz.

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